Borrón y cuenta nueva

Borrón y cuenta nueva

Mancuso, como yo le llamo, ha viajado mucho. Conoce Europa como la palma de la mano de mucho trasiego en sus negocios. Se enorgullece de ser de pueblo. A mí, me gusta observar como narra con detalle y orgullo sus orígenes: siempre me han dado buena espina los hombres que recuerdan con amor sus raíces.

“Fuerte acento murciano. Delgado, ronda los 46 años, bien vestido y no me acabo de explicar cómo puede llevar siempre las camisas tan planchadas. Tiene una mata de pelo negro envidiable, que peina estilo Robert Redford. De rostro es enjuto, su mirada astuta, de ardilla, su boca desordenada y su sonrisa escasa”.

Tiene alma de coleccionista. Acumula más de 100 bolis BIC ya gastados, que ha utilizado para escribir mientras estudiaba entre rejas. De escribir cartas nada, algo también curioso. Me asegura como confundido que, tras varios intentos, se ha convencido de que no es capaz de transmitir lo que quiere. Dice que cuando empieza una carta le invade una sensación extraña que no es capaz de describir. Yo intuyo que es el vértigo que produce no encontrar las palabras cuando uno intenta transmitir sentimientos tan intensos a gente a la que quieres tanto, es la factura que uno a veces tiene que pagar por ser tan perfeccionista. Hablamos mucho, ya que, como os conté en otro capítulo, entre los dos gestionamos el módulo y eso nos mantiene muy en contacto. Además, compartimos espacio de trabajo en esa oficina de la que también os hablé. Lo cierto es que da gusto trabajar con él, es un hombre de equipo en el que, en más de una ocasión, me ha demostrado que se puede confiar.

Tiene unas cosas geniales el tío, me deja notitas de ánimo en el poyete del chabolo, con frases como “todo es cuestión de tiempo”, “un día menos”, “la libertad está en tu cabeza”... Puede pareceros una cursilada, pero a mi me parece un acto bello y yo lo aprecio y se lo agradezco.

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Mancuso adora a su mujer y a sus dos hijos de 6 y 11 años y me habla mucho de ellos. Se martiriza constantemente en lo que sufren su ausencia. “Lo que más me jode es que ellos tengan que pagar lo que yo he hecho”. A mi me resulta fácil imaginar lo que le echan de menos porque, aunque al principio aparente ser un tipo muy serio y arisco, en cuanto te coge confianza aflora su lado entrañable y pronto descubres un tipo bromista, afectuoso e inteligente que seguro aún lo es más con los suyos.

Es también corredor, pero en lugar de contar las vueltas como hago yo, él se ha dedicado a llevar la cuenta de los kilómetros que lleva mientras corre dando vueltas al patio. Dice que en los 4 años que lleva preso debe haber hecho más de 6.000 km. y a mí no me extraña porque desde que llegué le he visto correr cinco veces a la semana sin excepción.

Este hombre es meticuloso hasta el delirio. Su celda es un recital de orden y pulcritud en el que se apilan con distribución cuadriculada y sin una gota de polvo sus libros de derecho, las cosas de aseo, algo de fruta y la ropa.

Le gusta mucho el jazz y la Pepsi y además de contar kilómetros y coleccionar bolis gastados, dice que no puede abandonar un libro cuando lo empieza, por eso debe ser que los elige con tanta minuciosidad.

Entre sus hobbies se encuentra otro muy particular. Se dedica a hacer semblanzas de todas las personas que le rodean y son verdaderamente buenas. Yo no sabía lo que era eso cuando me dijo “tengo que enseñarte mis semblanzas…”. Más tarde y con una caligrafía envidiable, escribió la mía. Por cierto, no tengo reparo en compartirla con vosotros al final de este capítulo. Él piensa que debe haber algo de ese afán suyo por las rimas en las pasión que su hijo mayor demuestra ahora por el rap.

Mancuso está condenado por grandes estafas, pero me parece importante señalar que es una de las personas que he conocido en la cárcel que reconoce su culpa con más convicción. Lo hace con dignidad, sin reparar en mostrar un arrepentimiento encomiable.

“Sí, sí, yo he hecho las cosas muy mal. Yo estaba muy equivocado Isaac, he hecho muchas barbaridades, a menudo sin ser consciente de lo que estaba haciendo. Y muchas veces lo pienso y me pregunto cómo me dejé llevar así. ¿De qué me voy a quejar, Isaac? Pero he aprendido Isaac, he aprendido”

No os penséis que esto es normal, aún con condenas superiores a la suya, hay muchos que no aprenden y que ocupan parte de su tiempo entre rejas para coger carrerilla y seguir en “el lado oscuro”.

Aunque reconoce abiertamente que lo hizo mal, también matiza que sólo ha estafado al banco y a empresas muy grandes -sin cara y ni ojos, me dice- y que siempre ha sido muy cuidadoso a la hora de elegir sus víctimas, como cuando escoge sus libros, digo yo.

Me asombra ver cómo asume su situación, con una mezcla de arrepentimiento, resignación y esperanza. Arrepentimiento por lo que hizo, resignación por lo que no puede cambiar y esperanza por llegar finalmente al lugar que le corresponde en este mundo. No importa el tamaño de la equivocación, a mí me parece en cualquier caso un planteamiento muy coherente ante cualquier error en la vida.

Igual que se arrepiente y fustiga con las estafas que emprendió, también me habla con entusiasmo de sus  negocios "limpios", que son muchos y aún perduran y que gestiona a duras penas desde la prisión. Ese espíritu emprendedor, y por supuesto mucho tesón, fue lo que consiguieron que, sin haber cogido un libro en 30 años, se sacara a la primera el acceso universitario para emprender un proyecto que soñaba desde hacía años, licenciarse en Derecho.

De verdad os lo digo, con 46 años, sin ningún hábito de estudio y de cárcel hasta las trancas, no he conocido en toda mi vida un estudiante tan motivado y hambriento de aprender. Suple sus limitaciones  a base de horas de estudio y pasión por lo que hace, combinación insuperable para llegar a donde uno quiere.

En las escasas calmas que disfrutamos en la pequeña oficina del módulo, Mancuso, o más bien el joven estudiante que jamás llegó a ser, me interroga acerca de mi etapa en la Universidad:

¿Isaac, y cuántos erais en clase?, ¿tú estudiabas de noche o de día?, ¿pero cuál era tu método de estudio?, ¿en clases se aprendía mucho o más cuando estudiabas en casa? Pijo, cuanto más avanzo en la carrera se me quedan mejor las cosas, ¿a ti te pasó lo mismo?

Me pregunta con su acento murciano una y otra vez, más por ver lo que se perdió y le hubiera encantado vivir, que por un sentido práctico. Yo le explico lo mejor que puedo mientras él escucha con la atención bien afilada y una expresión que me recuerda a la de mis hijos cuando les estoy leyendo un cuento (cuando podía hacerlo).

Aunque esté aún entre primero y segundo de derecho, lleva hechos muchos recursos a presos sin posibilidades a los que les han denegado los permisos o la progresión de grado.

“Isaac, no te puedes imaginar el gozo cuando le consigues a alguien su primer permiso o le consigues el grado. Un goce total tío.” - Me dice con una mirada radiante y llena de orgullo.

He aprendido mucho de él, de su meticulosidad, de su carácter tenaz y perseverante y sobre todo acerca de cómo hacer los recursos y de cómo manejarse en el código penitenciario y en otras fuentes como el manual de ejecución penitenciaria “Cómo defenderse de la cárcel”, un manual publicado por Cáritas, imprescindible para manejarte por estos parajes y proteger eficazmente tus derechos si fuera preciso.  

Admiro su empeño, su ilusión y, como os decía, ese modo de pensar en plan "borrón y cuenta nueva” que me resulta titánico. Por mucho que me parezca mal lo que hizo, yo lo último que haría es juzgarle de nuevo. Está pagando su condena y se arrepiente. Punto. Para mí, Mancuso merece idéntico respeto que cualquiera de mis honorables amigos.

Semblanza que me hizo Mancuso a los 6 meses de estar preso y que conservo con gran cariño:

Éste, nos lo han venido a traer de Elx (Alicante).

Se llama Isaac, y también le gusta correr como a

Los demás, y un poco más.

Es intelectual, educado, amable y sobre todo, estable.

Tiene gran talante, no por ser muy elegante, sino por

Estar ahora muy expectante en todo lo que le pasa por delante.

Reúne varias condiciones, habla inglés, sabe de

Economías, sobre todo de las que hace aquí contando todos los días.

Tiene cuerpo de chiquillo, frente despejada,

Dentadura perfecta, y pronunciación esbelta,

Éste sí que es todo un figureta, es de la mejor terreta.

Su carrera universitaria se la saco toda de a una, él

Ya tocaba en la tuna. Con todos los de su promoción

Se sacó una canción: ¡a dios amigos, nos veremos

Algún día en una prisión…!

Le gusta el guitarreo, de vez en cuando se suelta un

canturreo; unas veces en plan amor, otras en plan

Desolador, ahora canta como un ruiseñor en esta

Prisión y aún así, con gran ilusión.

No se mucho más de su vida, pero al parecer era

Muy entretenida, de vez en cuando se sumergía

En la fauna submarina, en esa playa alicantina.

Corre por la pista, como si fuera ya una gran artista.

Rockanrolea y canturrea, como en tiempos de la berrea.

Ayuda al necesitado, y al que está más agobiado y ahogado;

Le propone ser su abogado.

Algunas veces asoma con pinta de rapero o roquero, ¡pero no!, es

Un verdadero windsurfero.

No para de recibir cartas; yo le pregunto, ¡¿no te hartas?!

Es atractivo el chiquillo, tiene cara de pillo, ¿será por su pelo blanquillo?

Me enseñó lo que es el análisis DAFO, yo se lo agradezco con un

Detallazo; ser su amigo mola mazo.

Soy afortunado con tener a este soldado a mi lado,

Cuando más lo he necesitado, más me ha consolado.

Él es mi Internet, y a la vez hace mi papel; ser Presidente del MER

Recoge datos de todos los rincones, con ellos

Funda un montón de eslabones, también crea

su gran amanecer para no caer al mecanismo del abismo.

Primero amparo, después constitucional,

Esperamos que Estrasburgo no le dé por la puerta de atrás.

Es bloguero el mozalbete, a ver lo que nos mete en el membrete.

Es bastante desordenado este condenado, pero eso le trae sin cuidado.

La condena no le encadena, cuando lo encierran en su almena, él se desencadena

Escribiendo un gran poema. Nena, espérame para la cena.

24 horas con el preso 2018387007 en un día ordinario

24 horas con el preso 2018387007 en un día ordinario

Balance de mi primer año en prisión

Balance de mi primer año en prisión